Entre todos los sabores, al amargo es al que somos más sensibles; ésto es quizás un respuesta evolutiva al hecho de que un gran número de sustancias tóxicas y mortales para nosotros tienen precisamente sabor amargo.
Por otra parte, en lugar de hablarnos de la posible toxicidad de una sustancia, lo que el sabor agrio hace es darnos una idea del grado de acidez que poseen los alimentos.